Tenía seis años cuando la vi por primera vez. Fue una gélida tarde de julio, en el cine Metro de Tafí Viejo. La función comenzó -me acuerdo como si fuera ayer- a las 14.30. Era sábado y caía aguanieve. Mi madre -que sabía mirar el alma de las personas- había intuido que aquella película iba a cambiar para siempre todos mis inviernos. Y no se equivocó. Hoy muy pocos se acuerdan de ella, pero estoy seguro que muchos escucharon alguna vez su música. "Melody" (1971) fue una de esas películas inglesas que se perdió en el recuerdo de una generación completa. Hasta que internet la rescató y le otorgó el estatus de filme de culto. ¿La razón? Su tratamiento absolutamente encantador de un tema común: el primer amor. Todo matizado con maravillosas canciones de unos Bee Gees anteriores a "Fiebre de sábado por la noche". "Melody" narra el conflicto de Daniel Latimer, un niño bien de 11 años que ingresa a un colegio público inglés. Allí conoce a Melody Perkins, una compañera de la que se enamora irremediablemente. Una de las escenas más conmovedoras es, sin lugar a dudas, la que transcurre en el cementerio, donde la parejita se refugiaba para escaparse de sus compañeros. Allí, Melody lee el epitafio de la tumba de una mujer fallecida en 1886, en el que su marido le agradece por 50 años de amor. Entonces ella pregunta: "¿Cuánto es 50 años?". Y el niño contesta: "Mmmm… 120 semestres sin incluir vacaciones". Asombrada, Melody insiste: "¿Y serás capaz de amarme tanto tiempo?". "¡Claro que si!", responde Daniel. "Ya te amé una semana entera ¿no?".

Es allí, entre lápidas y manzanas, que ambos deciden casarse. Y así se lo comunican a sus padres y profesores, lo que genera un verdadero escándalo. La rebelión final de los estudiantes, la boda repentina en una fábrica abandonada, la persecución de los profesores y el escape de la parejita en una zorra a través de una vía perdida, ya forman parte de la antología del cine independiente. Dicen que cuando la película se estrenó, los medios pretendieron escandalizarla; pero lo cierto es que en "Melody" no hay ni un solo beso entre los chicos. Y sin embargo, la trama resulta más creíble y atrevida que las tontas series para adolescentes que se ven hoy en la chata TV argentina.

Ayer, un compañero de la redacción me regaló el "long play" de la película (¡sí! el disco de vinilo, casi un incunable) con la imagen de los protagonistas en la portada. ¡Gracias "Chicho" por ese tesoro que disparó esta columna! Y gracias también por devolverme a aquel invierno del 72. Porque no hay nada más noble, más fuerte y más sano que un buen recuerdo de infancia.